Dr. Jorge Gómez Varela
Presidente
Federación Alianza Evangélica Costarricense

Al igual que hace 500 años, cuando se dio la Reforma Protestante,  hoy le corresponde a iglesia evangélica, levantar la voz y promulgar el consejo de la Palabra de Dios para nuestra nación. Buscar la transformación de nuestro país y, de esa manera, propiciar una nueva reforma que, si bien debe tener un origen espiritual, llegue a permear todas las esperas de nuestra sociedad

La Reforma Protestante ocurrida en el siglo XVI, constituyó  uno de los movimientos más trascendentales en la historia del cristianismo universal y en la historia de toda la humanidad.

El ambiente en el cual se dio este movimiento estaba fuertemente condicionado por dos planos: el plano social y el plano religioso. En el plano social había una serie de fuerzas que planteaban serios cuestionamientos al orden establecido. En el plano religioso el desconcierto y el hastió habían llegado a su límite ante una serie de abusos y demandas que, desde las estructuras eclesiásticas oficiales, se hacían en abierto perjuicio hacia los feligreses.

Hoy, cinco siglos después, las condiciones tanto sociales y como espirituales no difieren mucho de las condiciones prevalecientes en el siglo XVI. En el caso concreto de nuestro país se vive una  serie de acontecimientos que nos  marcan de una manera muy fuerte: Polarización de la población en torno a diversos temas de la vida nacional, el aumento de los casos de violencia y la inseguridad que se percibe en la ciudadanía, el aumento del costo de la vida,  la corrupción en las instituciones de gobierno, entre otros.

Lo más preocupante  es el acelerado deterioro de los valores morales y espirituales. Que han sido la base sobre la cual se cimentó  nuestro país. Recientemente, en la magna concentración por la familia del pasado 22 de julio, alzamos  nuestra voz en protesta por temas que están atentando contra la vida y la familia: guías de educación sexual,  Política  de Educación  para la Afectividad y Sexualidad  Integral, proyectos de ley como el aborto, matrimonios del mismo sexo, ideologías de género, entre otros.   Como iglesia de Jesucristo hemos tomado  una postura decidida y valiente ante las corrientes  humanistas y secularistas que están introduciéndose de manera agresiva en nuestro país.

Como lo hemos dicho hasta la saciedad, dicha manifestación no fue para oponernos  a la educación sexual de nuestros niños y jóvenes, todo lo contrario, estamos a favor de ella.  Lo que pedimos es que estos programas  deben ser revisados a la luz de los principios y valores sobre los cuales se ha cimentado nuestra sociedad.    La Política de Educación para la  Afectividad  y Sexualidad Integral que el Ministerio de Educación Pública pretende llevar adelante a partir del 2018,  está enmarcada en la ideología de género impulsada por  organismos internacionales.   Lamentablemente el gobierno de la República,  por medio de otro decreto ejecutivo, ha dado vía libre a la implementación de dicha política en nuestro sistema educativo.

Como también ya lo hemos dado a conocer, pero es necesario reiterarlo, ante una consulta del Consejo Superior de Educación, como  FAEC nos dimos  a la tarea de analizar los contenidos de dicha Política,  expresado nuestro  desacuerdo en aquellos aspectos que riñen con los principios de fe en los que hemos sido enseñados.  El documento de respuesta fue entregado al MEP donde les manifestamos  que  esperamos que la consulta que se nos hizo no haya sido un mero procedimiento político sino porque realmente se espera que todo el país, en igualdad de condiciones, contribuya a esta Política Educativa para la  afectividad y sexualidad integral.   Seguimos  aun a la espera de una respuesta por parte del Consejo Superior de Educación a nuestras reacciones.

Ante esta realidad nacional, le corresponde a la iglesia evangélica de nuestro país, seguir orando y clamando a Dios,   levantar la voz y promulgar el consejo de la Palabra de Dios para nuestra nación. Si bien es cierto que en muchos aspectos nuestra sociedad actual difiere de la sociedad en la cual Martín  Lutero levantó  la Palabra de Dios como estandarte sobre el cual fundamento la Reforma, de igual manera, la misma palabra de Dios, operada en el poder del Espíritu Santo, debe ser la base sobre la cual, como iglesia, debemos buscar la transformación de nuestro país, y de esa manera propiciar una nueva reforma que, si bien debe tener un origen espiritual, llegue a permear todas las esperas de nuestra sociedad.